El proceso por el caso de Molina Theissen, marcado por amenazas
En las últimas semanas, se han intensificado las amenazas y ataques que ponen en riesgo a las víctimas, sus familiares y a todas las autoridades judiciales vinculadas con el caso.
Publicación: 17.Abril.2017

Tras 35 años de lucha por alcanzar la verdad, la justicia y la reparación, el pasado 2 de marzo, un juez penal resolvió iniciar un proceso judicial contra cinco militares guatemaltecos de alto rango, ya retirados, acusados de haber participado en la violación de Emma Guadalupe y en la desaparición forzada de su hermano de 14 años Marco Antonio, en 1981.

Si bien esta decisión representa un gran logro, no podemos pasar por alto el perfil de los acusados ni los constantes obstáculos que sus defensas provocaron para retrasar el proceso. Si bien los principales responsables ¾al menos los intelectuales¾ están identificados, es necesario avanzar en el proceso judicial para establecer lo ocurrido y así poder sancionarlos debidamente, conforme a lo ordenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en su sentencia del 2004, por el caso Molina Theissen.

En las últimas semanas, se han intensificado las amenazas y ataques que ponen en riesgo a las víctimas, sus familiares y a todas las autoridades judiciales vinculadas con el caso. Garantizar su seguridad se ha convertido en algo esencial para el desarrollo del proceso.

“Los acusados, junto con sus abogados y parientes, siguen anclados en el pasado, reviviendo el discurso de odio y de muerte con el que de nuevo pretenden justificar crímenes atroces y amedrentarnos, para que desistamos de la persecución penal”, explica Lucrecia Molina Theissen, hermana de Marco Antonio y Emma. “Nosotras y muchísima gente en Guatemala, estamos firmemente posicionadas en el presente, reivindicando la memoria de nuestros seres queridos y los de las decenas de miles de víctimas de desaparición forzada ¾especialmente los cinco mil niños y niñas arrebatados a sus familias¾ de la dictadura militar”.

Es preocupante el hostigamiento, las acusaciones y las amenazas contra la vida e integridad de las integrantes de la familia Molina Theissen. A través de distintos medios, sobre todo en redes sociales, se han proferido mensajes intimidatorios y calumnias con la finalidad de generar temor. Algunos ejemplos de esto son:

 

“Como cuando posas para la foto, no te salen las lagrimas y tenés que seguir fingiendo un dolor pero en realidad estás contenta porque te van a dar más dinero por ensuciar el nombre de tu país… EMMA MOLINA DE THEISSEN la icono de una madre que echando a perder a sus hijas ensucia a su país”.

 

O también:

 

“USTEDES SOLO RECIBIERON TODO LO QUE HAN HECHO. IMAGINENSE COMO SERA LA AGONIA A LA HORA DE SU MUERTE. QUE NI DIOS LAS PERDONE”.

 

“Conscientes de que las violaciones a la dignidad y derechos de las víctimas de delitos de lesa humanidad no deben seguir impunes y que la violencia debe dar lugar a relaciones sociales solidarias en el marco de un Estado de derecho, pese a las amenazas proferidas en contra nuestra, no haremos a un lado nuestras demandas de verdad y justicia”, aclara Lucrecia, con la solidez que tanto ella como su familia sigue mostrando ante el pasar de los años y los acontecimientos. 

El Estado guatemalteco debe investigar las amenazas con el objetivo de que la familia pueda continuar participando de manera activa en el proceso de justicia.

Es admirable la valentía, la perseverancia y la determinación de la familia Molina Theissen para que los crímenes contra Emma Guadalupe y Marco Antonio no queden impunes. Su labor trasciende el caso concreto y se convierte en un ejemplo de esperanza para miles de víctimas de graves violaciones de derechos humanos, cometidas durante el conflicto armado en Guatemala. Para avanzar en la consolidación de la paz y del Estado de derecho, es indispensable confrontar la verdad  sobre  los  crímenes  horrendos  del  pasado, que siguen teniendo consecuencias en ese presente que tratamos de construir.

“No estamos solas; en esta lucha cargada de futuro, en paz, estamos junto a muchas otras personas y organizaciones que se esfuerzan por construir un país incluyente, con justicia, donde los niños y niñas sean felices”, concluye Lucrecia.