Carta abierta a las personas defensoras de DDHH en Honduras, a 10 años del quiebre institucional
Publicación: 28.Junio.2019

El día de hoy, queremos dirigir nuestras palabras a ustedes; para reconocer, con profunda admiración, su labor inclaudicable e imprescindible en la construcción de un país democrático, en el que la garantía de la plena vigencia de los derechos humanos constituya una realidad y no, un anhelo.

La ruptura del orden constitucional el 28 de junio del 2009 tuvo consecuencias que aún continúan vigentes y encuentra sus secuelas más profundas en la cotidianidad que enfrentan miles de personas que deben sobrevivir a la violencia, la discriminación, la muerte, y la exclusión como prácticas sostenidas. 

En otras palabras, el golpe de Estado fracturó aún más el tejido social, aumentó la desprotección de los grupos históricamente excluidos a la vez que fortaleció las estructuras que promueven la corrupción y la impunidad. 

El golpe no pasó en vano. Fue un hito más en medio de un continuo de ataques y amenazas a la democracia, sistema que hoy se encuentra en severo riesgo a partir de la concentración del poder en manos de las  élites polìticas y económicas que han cooptado el Estado para proteger sus intereses particulares. 

Tal y como hace unos días, en ese entonces las protestas fueron disueltas por la fuerza, con la implementación de operativos militares que utilizaron armas de fuego en contra de las y los ciudadanos que se opusieron a la ruptura constitucional. La manifestación se dejó de ver como el ejercicio legítimo de un derecho, y se asumió como un acto que debe ser eliminado, al costo que implique. 

La impunidad por las violaciones de derechos humanos cometidas en este contexto alimentan la desconfianza que muchos y muchas de ustedes tienen contra la institucionalidad. Sabemos también que las historias de nuestros países están llenas de heridas abiertas, que nadie se hace cargo de curar, porque les reditúa más el odio que la reconciliación.

Por eso Hoy, nos dirigimos a ustedes, a quienes alzan su voz para reivindicar la verdad y la justicia superando día con día las amenazas, el hostigamiento, la estigmatización, la criminalización y las agresiones, sin la certeza de poder retornar dia a dia a sus hogares.

Entendemos la desprotección que sienten frente a un contexto que les mantiene alerta en todo momento, intentando reparar los embates que enfrenta constantemente el Estado de Derecho. Por esto, no cuestionamos los motivos que incluso les incitan a tomar lo indispensable para cruzar fronteras caminando, por mar o por aire, para buscar un nuevo comienzo, donde puedan vivir con seguridad. 

A diez años, queremos reconocer la valentía de las y los jueces, magistrados y fiscales valientes, que desafiaron toda orden de callar para reclamar las injusticias y hoy, ejercen su labor con independencia. 

Igualmente reconocemos a los pueblos indígenas y campesinos que aún se niegan a creer y abrazar una idea de progreso que anula sus reivindicaciones históricas y desde sus territorios, son vivo ejemplo de dignidad.

En otro espacios, las y los estudiantes; ciudadanos y ciudadanas, que han salido a la calle sin miedo para reclamar cuantas veces sea necesario, que la salud y la educación no son negociables, que un derecho no se regala, si no que se exige. A las y los periodistas independientes, que a pesar de las condiciones, afirman su compromiso con la verdad y con la información, como bases para tomar decisiones sobre nuestro porvenir.

A quienes luchan desde los movimientos feministas y colectivos LGTTTBI, emprendiendo una apuesta por la vida libre de violencia y discriminación, desafiando las estructuras patriarcales y machistas que aún hacen guerra en sus cuerpos. 

Queremos decirles que estamos con ustedes, que a pesar del panorama, confiamos en que su querido país se reconstituirá, volverá a entrelazar el tejido social y dará paso a una sociedad más justa, más próspera y más democrática. De eso no hay duda. Así lo vemos en las banderas flameantes que buscan romper con los ciclos históricos; en las voces que no se silencian frente a lo que sucede; en las manos dispuestas a trabajar para avanzar en conjunto en vez de crear barreras para profundizar la división.

Desde CEJIL reafirmamos nuestro compromiso para acompañar estas transformaciones, para acompañar sus demandas cuantas veces sea necesario, para aportar con ideas y propuestas a ese nuevo país que se vislumbra en la resistencia. Cuenten con nosotras.